El alcalde de Bristol y su nuevo paradigma: construir ciudades felices

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La búsqueda incesante del PIB, sin tener en cuenta otros objetivos, no conduce a la felicidad que sí aportan otros valores, como la salud, la diversidad ecológica, la vitalidad comunitaria, el nivel de vida, la educación, el uso del tiempo, la diversidad cultural y, sobre todo, el buen gobierno.

Esto es lo que se propone Bristol, capital verde de Europa, que ha abierto las puertas hacia una nueva perspectiva de cómo los gobernantes pueden hacer (y mucho) por lograrlo. El contacto directo entre los habitantes para repensar la ciudad, el uso de espacios en Internet y redes sociales son claves en este ejercicio. Todo se resume en un concepto: Ser una Ciudad Feliz. Nada más… y nada menos.

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Todo partió de una idea del Alcalde de Bristol, George Ferguson.

 Su planteamiento nace de una premisa: había que redefinir la noción de crecimiento económico, añadiendo temas relacionados con la felicidad de las personas y la de hacer una ciudad más habitable, vivible. La principal meta sería el bienestar colectivo.

Este es el inicio, también,  del proyecto Ciudad Feliz que desde hace 5 años encabezan Mike y Liz Zeidler. El proyecto Ciudad Feliz publica informes de indicadores como la satisfacción con la vida, la huella ecológica, la desigualdad económica, los equipamientos sociales y culturales, el acceso a parques e instalaciones deportivas, la movilidad urbana o la existencia de mercados locales y huertos comunitarios.

 A través de campañas promueven entre la población las cinco claves de la felicidad urbana: conecta, aprende, sé activo, aprecia, contribuye.

Además tienen en Internet y las redes sociales un Banco de la Felicidad, donde se comparten ideas, propuestas y recursos. Cualquier vecino aprovecharse de lo que se comparte para enriquecer su vida de felicidad.

“El objetivo es llegar a una fórmula válida para cualquier ciudad del mundo y que sirva como nueva medida del bienestar urbano”, sostiene Liz. “Tal vez el camino es ése: normalizar primero esta nueva manera de medir el progreso económico y social en las ciudades, para tal vez con el tiempo aplicarlo a los países”.

Jeffrey Sachs, asesor de la ONU para el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, y director del Instituto de la Tierra de la Universidad de Columbia, es uno de los principales promotores de este nuevo enfoque, que a nivel práctico llega a sus vecinos a través de cuestiones de este calibre: ¿Cuál es su grado de satisfacción con la vida? ¿Confía en sus vecinos? ¿Se siente útil? ¿Cuánto tiempo dedica al ejercicio?

«Las ciudades surgieron como proyectos de felicidad colectiva», recuerda el urbanista canadiense Charles Montgomery, autor de Happy Cities, que reivindica el espíritu del ágora griega para devolver las ciudades a quienes las habitan.

Con base en numerosas investigaciones y utilizando testimonios personales y fotografías, Happy cities  muestra en qué consiste un diseño urbano orientado a la felicidad. Esencialmente se necesita que los espacios públicos estén concebidos para hacerles la vida amable a los peatones, no para facilitar el flujo vehicular, para que haya más interacción entre gentes diversas, no para segregar a ricos de pobres, y para que se pueda combinar trabajo, vivienda, compras y ocio en forma ordenada, en vez de separar espacialmente cada actividad.

Montgomery establece unos parámetros básicos en su búsqueda de la felicidad urbana: disfrute, salud, libertad, adaptación, equidad y conexión social.

El modelo de ciudad feliz que el autor usa como ejemplo es el de Bogotá, que  cambió por completo el sistema urbano con la construcción de carriles bici, parques y plazas públicas. Se convertía así en una de las primeras ciudades latinoamericanas que en los noventa demostró que la vida urbana puede ser mejor si el diseño de la ciudad se orienta hacia el bienestar de sus habitantes. Pero también advierte del retroceso reciente de la ciudad y lo argumenta como una evidencia de que los avances pueden perderse por razones políticas y falta de conciencia ciudadana.

INFORME DE LA COMISIÓN EUROPEA

Oslo se ha erigido como la más feliz de Europa, o al menos, el lugar donde los ciudadanos se sienten más satisfechos con su calidad de vida. Así lo dictamina una encuesta del Eurobarómetro elaborado por la Comisión Europea, en la que se han estudiado 79 ciudades europeas y que se centra en la calidad de las infraestructuras y los servicios, las oportunidades de empleo, la situación de la vivienda, la integración de los extranjeros, sensación de seguridad, contaminación, espacios verdes y de limpieza.

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Oslo se ha erigido como la más feliz de Europa, o al menos, el lugar donde los ciudadanos se sienten más satisfechos con su calidad de vida.

La capital noruega comparte su primer puesto con Zúrich, la patria de la banca, con una irrisoria tasa de paro de entre el 2% y el 3%. Les siguen en el ranking Aalborg, en Dinamarca, la capital lituana, Vilna, y la capital de Irlanda del Norte, Belfast. Hay que descender hasta el cuarto puesto para a Málaga, el 97% se declara feliz de residir allí y el 62% de sus habitantes consideran que es sencillo acceder a una buena vivienda a un precio razonable.

Oviedo se corona como la ciudad que a más habitantes satisface por su limpieza, el 95%, compartiendo su galardón con Luxemburgo. La capital del Principado también saca buena nota en el estado de los espacios públicos y en seguridad ciudadana.

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