Las ciudades europeas se preparan para un futuro sin coches

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Redacción Barcelona/ 9 de enero 2017

Los recientes episodios de polución vividos en Madrid resaltan la necesidad de tomar medidas de calado.

La combustión de los coches produce una gran variedad de compuestos que pueden provocar problemas de salud a corto y largo plazo. Se trata de los metales, los óxidos de nitrógeno y de azufre o las pequeñas partículas, entre otros muchos.

La última semana de diciembre uno de estos compuestos causó una situación sin precedentes en la ciudad de Madrid. Los altos niveles de dióxido de nitrógeno llevaron al ayuntamiento de Madrid a activar su protocolo de seguridad, y a  restringir el tráfico dentro de la M-30 a todos los turismos de matrícula par. Sin embargo, todo indica que esto podría ocurrir de nuevo. Y no solo en Madrid.

Actualmente, el consistorio madrileño tiene preparado un borrador con 30 medidas estructurales que aún deben pasar por varios acuerdos, filtros y debates antes de ser aprobado.

El programa aspira a reducir en un 50 por ciento las emisiones de la movilidad urbana entre 2012 y 2030. Para ello, propone varias opciones: crear en el centro un gran área central de acceso restringido para vehículos privados, salvo residentes, a finales de 2017 o ya a comienzos de 2018. Promover la movilidad peatonal y de ciclistas, crear una red de aparcamientos disuasorios en la periferia y bajar el límite de velocidad en la M-30.

Todas estas soluciones requerirán que las administraciones y los representantes políticos lleguen a acuerdos. Todo para cumplir la legalidad y no alcanzar los niveles de contaminación peligrosos para la salud.

Procedimiento de infracción

Estos incumplimientos en los niveles de dióxido de nitrógeno llevaron a la Comisión Europea a enviar una carta formal a España y a abrir un procedimiento de infracción, que se decidirá próximamente. Pero España no ha sido la única en infringir estos límites. Otros 11 países (incluyendo a Alemania, Francia, Italia o Reino Unido) también lo han hecho.

Tanto las ciudades españolas como el resto de las europeas están regidas por las mismas leyes para la calidad del aire. Están definidas por las directivas europeas y en muchos casos por las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Muchas ciudades de Europa han afrontado este problema de distintas formas. En primer lugar, con mejoras y ampliaciones de las redes de transporte, muchas veces apoyadas con alternativas como las bicicletas o los coches eléctricos de alquiler. Además, muchas de ellas han restringido el acceso en vehículo al centro. Ciudades como Estocolmo, Oslo o Milán han establecido peajes.

Hay soluciones menos extremas, como solo permitir el acceso a coches ocupados por al menos dos personas al centro. Además son frecuentes las zonas de estacionamiento regulado o las áreas de acceso restringido a no residentes. Aparte de esto, muchas ciudades han disminuido los límites de velocidad para hacer el tráfico más fluído y menos contaminante.

Diversas núcleos urbanos europeos se esfuerzan en promover el uso de coches más limpios. Milán, Roma, Bolonia, Palermo, Lisboa y así hasta 232 ciudades, restringen el acceso al área metropolitana a vehículos anteriores a 2005 y a la norma Euro 3. Muchas de ellas, además, han promovido también el uso de taxis híbridos o eléctricos.

 

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