LUCES Y SOMBRAS DE LA COLABORACIÓN PÚBLICO-PRIVADA

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Acabamos de celebrar nuestro tercer Congreso Europeo de Turismo Rural (COETUR) y con la resaca reciente de un evento que renueva su éxito quiero hacer foco en uno de los temas abordados durante el mismo: la colaboración público-privada.

Hace tiempo que vivimos tiempos difíciles y no sólo en turismo rural, pero como éste ha sido uno de los más beneficiados por ayudas bajo el paraguas de los proyectos LEADER y PRODER, creo que tiene un interés especial analizarlo. Estos proyectos obtienen sus fondos gracias a la política de desarrollo rural de la UE, que se financia a través del Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural (FEADER), dotado de 100.000 millones de euros para el septenio 2014-2020. Mucho dinero con el que hacer muchas cosas buenas, ¿verdad?… pero hay un pasado oscuro en el terreno de las subvenciones al turismo rural que a menudo hace dudar del buen uso de estos recursos.

Hay un pasado oscuro en el terreno de las subvenciones al turismo rural que a menudo hace dudar del buen uso de estos recursos.

Una de las primeras cosas que descubrí al introducirme en este sector es que hubo un tiempo en que detrás de muchas ayudas económicas se escondía la reforma de la casa del abuelo con un supuesto fin turístico, pero que luego acababa siendo uno de esos establecimientos donde, curiosamente, nunca se podía reservar (porque en realidad nunca se quiso dar ese uso).

COETUR INTERIOR

Para ser justos también hay que decir que detrás de estas ayudas también ha habido proyectos interesantes y rentables. Pero a menudo ocurre que, sea cual sea el sector, el apoyo económico acaba incapacitando a sus empresarios para enfrentarse solos a la realidad cuando éste desaparece. En la mesa redonda que abordó la necesidad de un nuevo paradigma de relaciones entre la Administración y lo privado, sentamos a 4 ponentes con mucho criterio: el Director General de Turismo de Asturias, Julio González Zapico; el coordinador de Marketing Estratégico y Proyectos de la Secretaría Autonómica de Turismo de la Comunitat Valenciana, Joantxo Llantada; el Secretario Técnico de la Mesa de Ecoturismo de la Generalitat de Cataluña, Xavier Cazorla; y la Gerente de la Asociación para la Promoción Turística de la Axarquía (Málaga), Elisa Páez. Todos ellos, moderados hábilmente por el director del Patronato de Turismo de Granada, Francisco Maldonado.

A menudo ocurre que, sea cual sea el sector, el apoyo económico acaba incapacitando a sus empresarios para enfrentarse solos a la realidad cuando éste desaparece.

Su interesante debate nos permitió hacer muchas reflexiones, que incluso tocaron por cuestiones como la economía colaborativa o la clasificación de alojamientos rurales con estrellas verdes. Pero en relación concreta a lo que es y no es… o lo que debería ser la colaboración público-privada me quedo con las siguientes conclusiones. Por un lado, lo acertado de considerarla una filosofía de trabajo que ceda la iniciativa al empresariado para que, una vez lleguen las propuestas, se analice y valore su viabilidad. Desde mi punto de vista esta es una de las cuestiones clave, porque si el empresario no se implica, la actitud paternalista hace un flaco favor al sector a largo plazo.

Todos los agentes turísticos de un territorio son también embajadores de ese destino y si la parte pública hace bien su trabajo, la oferta privada debe alinearse para no crear decepción en el visitante.

Además, esta postura transmite una actitud poco intervencionista, que refleja también una elevada confianza en el tejido empresarial. Por otro lado, se dejó claro que la actividad turística es algo privado, pero que el destino sí es responsabilidad de la Administración, que debe gestionarlo usando estrategias de planificación coherentes. A este respecto hay que añadir que todos los agentes turísticos de un territorio son también embajadores de ese destino y si la parte pública hace bien su trabajo, la oferta privada debe alinearse para no crear decepción en el visitante. Por ejemplo, un destino bien promocionado, pero donde el comercio y los servicios no están dimensionados ni adaptados en horarios y servicios a la demanda, produce un efecto totalmente opuesto al deseado.

Otra de las reflexiones más interesantes se concretó en algunos requisitos concretos para que la colaboración público-privada llegue a buen puerto: los proyectos no funcionan cuando son eternos y hay que fijar objetivos a corto plazo.  Asimismo, si dichos proyectos no están dotados económicamente también están abocados al fracaso. Y, en mi opinión, estos dos puntos son el claro exponente de las nuevas formas de colaboración hacia las que debemos orientarnos.

Sin recursos es imposible asumir ningún reto, pero las inversiones deben estar medidas y justificadas, además de vincularse a un timing concreto para no eternizarse. Y en ambos casos el empresariado también tiene que comprometerse, porque su implicación es fundamental para alcanzar el éxito.

Revisando este texto me doy cuenta de lo obvio y lógico que parece todo lo comentado. Sin embargo, son muchos los territorios que sufren políticas desacertadas en las líneas de colaboración público-privadas. Los motivos son múltiples: falta de voluntad de entendimiento, apatía del empresariado, ceguera/sordera de las Administraciones, ausencia de objetivos tangibles, excesivas vinculaciones políticas pero escaso criterio técnico en el desarrollo de proyectos… Sin duda, muchos frentes que resolver pero nada inasumible. Al final, creo que todo se resume en la necesidad de considerar estos proyectos como un negocio que debe ser rentable para todos sus “socios” y acometer todas sus fases como tal: desde el diseño, hasta la ejecución y posterior evaluación. Una vez más, impera la necesidad de hacernos sentir que todos somos responsables de nuestros territorios.

 

 

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