Rural # Rústico

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Hace no mucho una propietaria de una casa rural, a la cual considero muy competente y preparada, me dijo que lo rural no tenía que ser obligatoriamente rústico. ¿A qué se refería? Pues al hecho de que, a menudo, lo rural se asocia a lo tradicional, con escasas comodidades y alejado de las nuevas tecnologías…pero no siempre tiene que ser así.

De hecho, durante la crisis se aceleró un proceso de éxodo de la ciudad al campo en búsqueda de nuevas oportunidades, que contrasta con la realidad aún persistente de los pueblos que envejecen y sufren una galopante despoblación. Pero volviendo al primer caso, seguramente estos denominados “neorurales” son los artífices de muchos cambios en un sector que puede evolucionar acorde con los tiempos sin perder ni un ápice de carisma o autenticidad. Asimismo, el relevo generacional también ha llegado al campo y muchos jóvenes dan un giro a ese negocio familiar a donde antes los clientes llegaban sin buscarlos. Por último, existe ese propietario que ha querido ponerse al día y que en muchos casos nutre la asistencia a los talleres de formación que Escapadarural.com imparte gratuitamente por toda España y en los que ya han participado más de 1.500 personas.

Los denominados “neorurales” son los artífices de muchos cambios en un sector que puede evolucionar acorde con los tiempos sin perder ni un ápice de carisma o autenticidad.

Desde el Observatorio del Turismo Rural analizamos en su día cuántos propietarios de alojamientos rurales se habían lanzado a esta aventura empresarial buscando un cambio de vida. En 2013 un 11,9% de los más de 2.000 encuestados respondieron que su motivación para emprender su proyecto de turismo rural había sido la posibilidad de cambiar la ciudad por el campo. Detectamos además que un 20,4% de ellos vivía exclusivamente de su casa rural. Sin embargo y lógicamente, el elevado 33,8% que simplemente veía en el turismo rural una fuente de ingresos adicional, compatibilizaba su trabajo con otra actividad profesional en el 39,5% de los casos. Cabe señalar que en 2014 fueron Extremadura, La Rioja y Cantabria las comunidades donde más se produjo este fenómeno, que durante ese año descendió hasta representar a sólo un 7,1% del total del tejido empresarial.

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6 de cada 10 viajeros rurales están dispuestos a prescindir de internet durante la estancia, pero ¿con qué se encuentran esos otros 4 de cada 10 al llegar al alojamiento?

¿Qué conclusiones podemos extrapolar al sector en base a la existencia de estos perfiles de empresarios? Cabe pensar que las personas que emigraron de la ciudad al campo podrían estar más formadas o tener más conocimientos respecto a lo que significa desarrollar un proyecto turístico, pero no siempre tiene que ser así. De hecho, no hay una carrera universitaria específica sobre turismo rural, aunque sí muchas posibilidades de formarse y, sobre todo, ser autodidacta para optimizar la marcha del negocio.

Hay una conciencia de que en turismo rural existen carencias que serían inimaginables en empresas de turismo urbano o vacacional, pero también hay que ponerlas en contexto.

Gracias a nuestra investigación, sabemos también que un 70,5% prioriza su necesidad de conocimientos sobre posicionamiento en buscadores, seguida de 62,1% que dan importancia a la gestión de la web  y un 58,3% que manifiesta si interés por la gestión de redes sociales. Hay, por tanto, una conciencia de que en turismo rural existen carencias que serían inimaginables en empresas de turismo urbano o vacacional, pero también hay que ponerlas en contexto. Es decir, por un lado un 14,8% de los empresarios consideran la formación como un problema esencial y, por otro, hay una tendencia a pensar que no se puede estar en todo (atendiendo al huésped, haciendo camas, actualizando las redes sociales y escribiendo posts en el blog). Sin embargo yo me pregunto ¿si algunos si pueden hacerlo…por qué el resto no? ¿Tenemos realmente super-hombres/mujeres en casos contados o lo que faltan son ganas de ponerse al día y adaptarse a los cambios?. Nadie dijo que fuera fácil, pero como en cualquier negocio, al cliente hay que conquistarlo y lo de siempre ya no sirve.

El mundo rural aún tiene pendiente sumarse al requisito de la irrenunciable conectividad.

 Otro punto de vista para analizar si lo rural es irremediablemente rústico es tener en cuenta si está fundada esa aparente incompatibilidad entre autenticidad y comodidad. Es decir, ¿realmente hay que hacer que el cliente renuncie al confort sólo porque se trata de turismo rural? Este es un debate que ya se abordó en la pasada edición de nuestro Congreso COETUR y allí se puso de manifiesto que es tan lícito hacer una propuesta exenta de lujos y directamente vinculada a la vida sencilla de campo, como optar por un tipo de alojamiento que podría competir en su orientación y servicios con cualquier hotel urbano de cinco estrellas. De hecho, nos consta que sólo un 23,4% de los viajeros repiten alojamiento y un 73,5% de ellos lo hacen motivados, precisamente, por las instalaciones. Al final, lo que hay que tener muy presente es que el mercado cuenta con muchos perfiles de clientes y que incluso el mismo viajero  puede decidirse por propuestas muy diferentes según el tipo de escapada (familiar, con amigos, en pareja…).

Lo rural a veces peca de rústico, pero no siempre es sinónimo de atrasado, rudo, básico o cualquier otro sucedáneo que se nos ocurra. En definitiva, el reto de la evolución tecnológica está ahí.

Por último, creo conveniente despejar el tópico de si los turistas quieren desconectar totalmente cuando practican turismo rural o si la conectividad es algo a lo que no quieren renunciar. Los resultados de nuestro estudio indican que 6 de cada 10 viajeros rurales están dispuestos a prescindir de internet durante la estancia, pero ¿con qué se encuentran esos otros 4 de cada 10 al llegar al alojamiento? Pues los datos del Observatorio constatan que, en esta ocasión, el mundo rural aún tiene pendiente sumarse al requisito de la irrenunciable conectividad. Si bien en 2014, el 23% de la población española vivía en municipios de menos de 10.000 habitantes y sufrían dificultades en el acceso a las últimas tecnologías de comunicación, también había casos en los que no se asumía una responsabilidad directa a la hora de proporcionar esta prestación a la clientela. En concreto, detectamos que en ese año un 44,1% de las casas rurales no ofrecían internet a sus huéspedes.

Así que haciendo balance de todo y teniendo en cuenta los claroscuros del sector, podemos afirmar que lo rural a veces peca de rústico, pero no siempre es sinónimo de atrasado, rudo, básico o cualquier otro sucedáneo que se nos ocurra. En definitiva el reto de la evolución tecnológica está ahí y muchos ya se han subido al carro por lo que cada vez quedan menos excusas para quedarse atrás.

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