Turismo sostenible, de opción a obligación

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Barcelona, 10 de febrero de 2017

El año 2017 ha sido declarado por las Naciones Unidas como Año Internacional del Turismo Sostenible para el Desarrollo. Todo el mundo lo sabe, todo el mundo habla de ello, todo el mundo se subirá al carro… Pero ¿hasta qué punto el sector turístico ha tomado conciencia de la necesidad de preservar su patrimonio natural, cultural y social no sólo porque está de moda sino porque de ello depende la continuidad de la propia industria?

La OMT referencia los cinco ámbitos en los que se hará hincapié en el año en curso:

(1)  Crecimiento económico inclusivo y sostenible. 

(2)  Inclusión social, empleo y reducción de la pobreza.

(3)  Uso eficiente de los recursos, protección ambiental y cambio climático.

(4)  Valores culturales, diversidad y patrimonio. 

(5)  Comprensión mutua, paz y seguridad.

Cada uno de ellos da pie a infinitos objetivos en los que el turismo rural aún tendría muchos deberes pendientes.

Y es que, aunque es evidente la relación entre este subsector y el concepto de sostenibilidad, para este mercado aún se trata de una cuestión desconocida.

En general, ni la demanda ni la oferta en turismo rural saben qué es, cómo pueden contribuir y cómo les afecta este reto. Son pocos los consumidores que exigen y practican turismo conforme a criterios sostenibles, así como también son escasos los empresarios que actúan con este espíritu de preservación de recursos.

En la encuesta del Observatorio del Turismo Rural de 2014 descubrimos que un 8,9% de los turistas rurales no tenían claro en qué consistía el ecoturismo y que un 9,2% de los propietarios de alojamientos de turismo rural no sabía si su establecimiento era sostenible.

Por otro lado, aunque en la edición del estudio de 2017 todavía estamos en proceso de recopilación de respuestas, de momento se ha registrado que para más de la mitad de los encuestados la naturaleza y los aspectos relativos a la sostenibilidad son importantes pero no prioritarios en la elección del destino.

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Estos datos reflejan una realidad que sin duda evolucionará hacia escenarios ya superados en otros países.

Y es que al final no se trata sólo de una cuestión altruista, puesto que la consecución de determinadas metas en favor de la sostenibilidad también tiene un impacto directo en la rentabilidad de los negocios.

Así, la preservación del medioambiente, la eficiencia energética, la fijación de la población en núcleos casi deshabitados, el mantenimiento del patrimonio histórico, la conservación de costumbres y tradiciones, etc, pasarán de ser una opción a una obligación en los próximos años.

Entretanto, los más concienciados tanto en el sector privado como en el público, van tomando medidas para ponerse al nivel de otros destinos internacionales. En este sentido, cabe mencionar desde iniciativas tan ambiciosas como la Taula d’Ecoturisme (Mesa de Ecoturismo) de la Generalitat de Catalunya, con un Plan Estratégico que incluye 50 actuaciones entre 2015 y 2017, hasta proyectos en manos de pequeños empresarios como la casa Quei Vitorino (Degaña, Asturias), que promueve una nueva experiencia en la que una aplicación móvil permite observar animales como el oso y sus rastros en su hábitat natural.

 

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