Zona franca para Sevilla… y también para Córdoba. Suma y sigue

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Leo estos días que la alcaldesa de Córdoba, la socialista Isabel Ambrosio, va a apostar por la creación de una Zona Franca como estímulo para la exportación, la creación de empleo y la internacionalización de las empresas de su ciudad. No puedo evitar cierto sobresalto y sospechar que es en el modelo de zona franca donde se están depositando últimamente las mayores esperanzas de fomento de crecimiento a corto plazo, en aquellas ciudades más azotadas por el desempleo y la falta de densidad empresarial. En Sevilla, el proyecto estrella en lo económico del último ciclo político 2011-2015, bajo el mandato del Partido Popular, fue la creación de la Zona Franca de Sevilla. Cuyo efecto, por ahora, es la inversión municipal necesaria para el vallado del recinto y el puesto de dirección del proyecto (denominado Delegado Especial del Ministerio de Hacienda en el consorcio de Zona Franca), que ha recaído en quien fuera uno de sus principales valedores desde su posición de concejal y primer teniente de alcalde de la corporación municipal que gestó e impulsó el proyecto.

No puedo evitar cierto sobresalto y sospechar que es en el modelo de zona franca donde se están depositando últimamente las mayores esperanzas de fomento de crecimiento a corto plazo, en aquellas ciudades más azotadas por el desempleo y la falta de densidad empresarial.

Si esto es así, no se puede evitar pensar que estamos bajando el listón de las infraestructuras que creemos indispensables para impulsar nuestro desarrollo económico, me refiero al menos en este caso a Andalucía. Hace años se trataba de parques tecnológicos, pero ahora que tenemos uno en cada provincia andaluza, será cuestión de buscar algo más. A fin de cuentas, Zona Franca en Andalucía sólo está la de Cádiz, que data de 1933.

La competitividad de una economía urbana o regional, su grado de innovación… hasta el desempleo se puede medir (conste que esto último es una ironía). Otra cuestión es qué medida aceptamos o exigimos, como ciudadanos y electores, una gestión basada en rendir cuentas periódicamente en base a indicadores objetivos y no en inauguraciones de nuevas infraestructuras.

Donde quiero llegar con la reflexión es el énfasis que, en nuestro entorno, el responsable político (más o menos, mejor o peor, asesorado técnicamente) sigue haciendo en la infraestructura física, en lo que se puede tocar y fotografiar, en lo susceptible de ser inaugurado oficialmente. A fin de cuentas, un Nuevo Modelo Productivo, más competitivo y generador de empleo sostenible, no se puede fotografiar, presentar en rueda de prensa… o medir. Pero, ¿quién ha dicho medir? Claro que se puede medir. La competitividad de una economía urbana o regional, su grado de innovación… hasta el desempleo se puede medir (conste que esto último es una ironía). Otra cuestión es qué medida aceptamos o exigimos, como ciudadanos y electores, una gestión basada en rendir cuentas periódicamente en base a indicadores objetivos y no en inauguraciones de nuevas infraestructuras.

Por razones profesionales estuve hace algunas semanas en Plasencia y acompañado de su alcalde estuve visitando el nuevo centro de congresos, aún pendiente de inauguración oficial. Su construcción fue decisión del gobierno regional, en la creencia que la media docena de ciudades principales extremeñas debían contar con un equipamiento de excepción de estas características, para su desarrollo como economías urbanas y entornos de crecimiento empresarial. El resultado en Plasencia, que ya contaba con espacios para asumir tal función, quizás más modestamente, es el un edificio excepcional, diseño del estudio SelgasCano, ya reseñado en revistas internacionales de arquitectura, pero aún vacío y sin función, y con una viabilidad realmente difícil y comprometida.

Hoy en día, en la Unión Europea, hemos alcanzado un grado de sofisticación bastante aceptable en lo que respecta a la formulación de políticas públicas relacionadas con el desarrollo económico y el fomento empresarial y también en lo que respecta a su grado de armonización entre estados miembros y regiones.

Hoy en día, en la Unión Europea, hemos alcanzado un grado de sofisticación bastante aceptable en lo que respecta a la formulación de políticas públicas relacionadas con el desarrollo económico y el fomento empresarial y también en lo que respecta a su grado de armonización entre estados miembros y regiones. Los enfoques y el vocabulario (qué sufrido el papel que todo lo aguanta!) son esencialmente el mismo, trátese de un documento de política industrial de Silesia, Andalucía o Baden-Wurtemberg – clusters de rango mundial, atracción del talento… Incluso la Comisión Europea acaba de generalizar una plantilla común que son las llamadas “estrategias de especialización inteligente” (RIS3 en jerga). Lo que marca la diferencia es la forma en que esas políticas se implementan y se llevan a cabo en la práctica.

La clave ahora no es planificación, sino directamente calidad de la implementación. Un acicate más para la “nueva política” que está forjando, o más bien que se debe forjar en España.

Eso es lo genera diferencias entre las regiones y ciudades que se siguen perfeccionado como ecosistemas facilitadores de la inversión, la innovación y la generación y crecimiento de nuevas empresas y las que sólo permanecen como necesario escenario para valerosos francotiradores locales, desde freelances y pequeños equipos innovadores y de alto potencial hasta empresas con dimensión que se baten el cobre en los mercados internacionales más exigentes. La clave ahora no es planificación, sino directamente calidad de la implementación. Un acicate más para la “nueva política” que está forjando, o más bien que se debe forjar en España.

Miguel Rivas es socio de TASO, una consultoría boutique que opera en las áreas de desarrollo cluster, definición de equipamientos de interés empresarial, nuevo espacio industrial, revitalización de economías urbanas y marketing territorial. Sólo en los últimos 2 años ha desarrollado asistencias técnicas y elaborado informes para más de 20 autoridades públicas o público-privadas, en ciudades como Dublín, Liverpool, Cardiff, Bogotá, Génova, Oslo, Utrecht, Zaragoza o San Sebastián. Con anterioridad a su etapa como consultor internacional, Miguel ocupó posiciones de responsabilidad en agencias públicas de desarrollo económico, a escala regional y local. Entre otros proyectos, actualmente ejerce de lead expert para IN Focus, la red que está llamada a ser referencia europea sobre Especialización Inteligente a escala urbana, que encabeza Bilbao junto a otras 10 ciudades europeas.
mailto:mrivas@grupotaso.com
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